Reseña de Cuarentón, de Joe Ollmann

Cuarentón, de Joe Ollman, es un tebeo que a diversos niveles, apunta directamente al la línea de flotación de la nostalgia, que cuenta un aquí y ahora determinado mediante recursos y convenciones de hace veinte años.

Lo hace, en primer lugar, desempolvando un género como el slice of life, paradigma del tebeo indie de finales del siglo pasado. Ollmann, disfrazado de un protagonistas que-es-el-pero-no-pero-sí plantea un interesante doble juego. Por una parte, las maneras de contar, ese punto confesional y autocrítico, esa combinación verité con gotas de humor amargo y un poco de patetismo, son reserva espiritual de autores como Peter Bagge o Joe Matt. Todos esos modos, e incluso su dibujo desaliñado y un poco guarro y sus páginas de nueve viñetas son una especie de jacuzzi al pasado que otorgan a Cuarentón un añejo sabor a tebeo de grapa en blanco y negro de la década de los noventa.

Joe Ollmann interior

Pero es que, además, Joe Ollmann entra a saco en el juego nostálgico presentándonos a un protagonista atrapado en un presente de vida adulta, responsabilidades y rutina con el que no sabe o no quiere saber lidiar, en contraste con ese pasado cronológicamente concordante con la época de eclosión indie que el sosias de papel del dibujante asocia a los momentos más vivos y emocionantes de su vida.

De manera más o menos consciente (me decanto por lo segundo), Ollmann busca llegar al lector mediante la proximidad de situaciones y reflexiones. Su retrato del cuarentón contradictorio aferrado desesperadamente a una juventud que se le escapa entre los dedos de unas manos llenas de pañales sucios y bolsas de la compra es tan certero como despiadado. El canadiense traza con precisión la ambigüedad de un personaje para el cual la fantasía es la única manera de recuperar un pasado que añora esencialmente como remedio a un día a día poco o nada estimulante pero que, a la hora de la verdad, es demasiado cobarde par abandonar la comodidad de su pequeño mundo adulto.

En el fondo, Ollmann, a través de su costumbrismo semiautobiográfico, realiza un pequeño gran homenaje a esa ficción a la vez verista y peterpaniana protagonizada por treintañeros que predominó durante los noventa, la de Beautiful girls o las primeras películas de Edward Burns. Es difícil que la generación que retrata Girls pueda empatizar con una obra escrita por y para la generación que retrataba Friends (o al menos, la que creyó verse retratada). Pero eso, en realidad, es algo incluso saludable, en tanto en cuanto sirve para normalizar el cómic como medio en vez de como género. Cuarentón es una obra entrañablemente anacrónica que, precisamente por eso, consigue pulsar determinados botones como solo sabían hacerlo ciertos tebeos de los noventa.

Reseña de ¿Quién es el 11º pasajero? Moto Hagio

Quien es el pasajero numero once supone el esperado debut de Moto Hagio en España. La dibujante japonesa pasa por ser una de las figuras fundamentales del shojo manga y lleva desarrollando desde hace cuatro décadas una carrera tan ecléctica como fascinante.

¿Quién es el 11º pasajero ? Se compone de dos obras largas y diversas historias cortas protagonizadas por el mismo grupo de personajes. En la primera, que es la que da nombre al volumen, un grupo de cadetes espaciales de distintos rincones del universo se enfrentan a una durísima prueba de acceso a la universidad galáctica. Para rematar el tema, uno de los miembros de su grupo es un intruso.

La obra, que se publico originariamente en 1975, es un adelanto de la ciencia ficción espacial que despega época. Hay, claro, un poco de lo que luego veríamos en Alien (1979) y Atmosfera Cero (1981). Hay también esa combinación de drama intenso salpicado aquí y allá de momentos de comedia algo tontos que tanto parece gustar a los japoneses y tanto nos desconcierta a los occidentales.

Moto Hagio arma un grupo de personajes principales ciertamente carismáticos y otro de secundarios comparsa a los que sabe recurrir en el momento preciso. La autora gestiona admirablemente el suspense y la sensación de peligro en una historia cuyos ingredientes resultarán familiares a los conocedores del género sin que ello menoscabe la capacidad de sorpresa. Hay, además, un aire general de ingenuidad que se contagia fácilmente al lector.

La continuación se llama Al horizonte del este, eternamente el oeste y rescata a algunos de los personajes de la obra original a los que, en esta ocasión, sitúa en una especie de juego de tronos galáctico lleno de traición, huidas y guros argumentales. De hecho, la ambientación galáctica es prácticamente un aderezo de lo que viene a ser una historia de intrigas palaciegas with a twist en el que la autora hace alarde de un gran esmero a la hora de diseñar trajes, uniformes y ambientación. Siendo también una obra entretenida y bien desarrollada, el resultado es quizás menos vibrante que su antecesor, en tanto en cuanto se potencia de manera muy acentuada el componente dramático y los personajes parecen ir asentándose en unos roles de aventura algo más tradicionales.

El volumen concluye con una serie de historias cortas llamadas Space Street que componen una suerte de sitcom protagonizada por los personajes principales de los anteriores dos segmentos, dibujadas con un estilo más suelto y marcadas por un humor muy chiflado.

Uno de los elementos más llamativos de ¿Quién es el 11º pasajero?  es la manera de Moto Hagio de abordar la ambigüedad de los personajes como motor narrativo pero también como una solución que le permite dinamizar la interacción entre los personajes y diversificar el abanico dramático de la obra.

En la historia que arranca el volumen, esta ambigüedad de los personajes en cuanto a su origen y motivaciones es una baza clave para el relato, en el que resulta fundamental mantener el suspense sobre la identidad del misterioso pasajero número once. Hagio, además, hace que uno de los personajes sea hermafrodita y dota a uno de los protagonistas de una sexualidad indefinida que le permitirá convertirse en hombre o mujer más adelante, según su propia elección. Este imaginativo recurso, además de ser de una sencilla originalidad, permite a la autora realizar un juego pendular entre romance y comedia y modular el octanaje de este shojo. Un recurso que confiere a la obra de una gran flexibilidad y permite, además, evitar un excesivo encasillamiento en tópicos y convenciones del género.

¿Quién es el pasajero número once? es un pertinente recordatorio de que, décadas después de su desembarco en nuestras tierras, en España solo hemos empezado a rascar la superficie de lo que nos puede ofrecer el cómic japonés. En este caso, además, el recordatorio es un estupendo manga editado con muchísimo cariño y atención.

Cómics y Música (XXXVI): Daniel Clowes y Fireside

Daniel Clowes

Fireside, Do not tailgate , 1996. Portada de Daniel Clowes

Fireside son una banda sueca de punk de medidados de los años noventa que, como suele ocurrir con la música de ese país, bordaron el género con un puñado de discos verdaderamente notables. Entre ellos, destaca Do not tailgate, un trabajo lleno de rabiosos pildorazos que ahora reedita Bcore junto a Startracks en una edición limitada que sí, también inlcuye vinilo. La portada y el arte interior del disco corre a cargo de un Daniel Clowes en plena era indie. Clowes ha publicado este año un tebeazo como Paciencia y prepara adaptación cinematográfica de Wilson.

La sección “Cómics y música” busca el punto de encuentro cada vez más habitual entre cómic y música a través de las ilustraciones de portadas de discos, permitiendo a musiqueros y comiqueros tender puentes y conocer nuevas propuestas. Pulsa los enlaces para saber más del grupo y del ilustrador.

Reseña de Materia, de Antonio Hitos

En Materia, Antonio Hitos toma como excusa una invasión alienígena para diseccionar una realidad que, reptiles antropomorficos aparte, se asemeja asombrosamente a la nuestra.

Hitos, en su segunda obra de larga duración confirma algo que se atisbaba casi desde su primera página, y es que nos encontramos ante un artista completamente diferente a los demás. Desde Micharmut hasta Jose Ja Ja Ja, podemos felicitarnos por ser un país con amplia tradición de autores empeñados en desarrollar una identidad integral propia, y Antonio es uno de ellos.

El autor, quizás junto a Christian Robles, es uno de los historietistas actuales que podemos definir como genuinamente modernos, tanto en el fondo como en la forma. El dibujante andaluz asume como propios códigos del arte urbano, la cultura juvenil y el diseño de última generación para conformar un estilo fresco y palpitante que le permite dar vida a temas clásicos huyendo completamente de la endogamia comiquera y el peaje de lo ya conocido.

Los aliens de Materia son el kickstarter que permiten al autor hablarnos de situaciones y maneras que retratan nuestra sociedad actual. Sus hombres lagarto hablan y se comportan de una manera más humana y natural que el 99% de los tebeos hiperreralistas. Hay pocos autores que sepan describir con tanta precisión la desorientación y desidia de una juventud sin horizontes ni motivación, el circo de la fama y las redes sociales y sus sumarísimos juicios paralelos o el tedio de la rutina.

Antonio Hitos no solo destaca como gestor de ecosistemas y arquitecto de diálogos. Como ya adelantó en Inercia, su novela gráfica de debut, o ha ido dosificando en colaboraciones como las de la revista Voltio, el autor hace gala en sus páginas de una estimulante combinación entre solidez y exuberancia. Su estilo sublima la estética grafitti y el aire cartoon, un poco como si Vaughn Bode le robase a Chris Ware sus acabados limpios y perfectos. A ello se une una paleta de colores flúor que permite elucubrar que Hitos piensa a partes iguales en diseño y narrativa secuencial cuando trabaja en sus obras. Algo que se confirma al admirar sus páginas. Individualmente, todas muestran una impecable composición; en conjunto, revelan una soberbia capacidad narrativa.

Materia es un tebeo tan perfecto que casi asusta, una novela gráfica sobresaliente que consigue destacar en un año en el que la producción nacional nos está dejando obras notables, para desconsuelo de los apocalípticos. Cuando llevas miles de páginas leídas a tu espalda, no es fácil que un cómic sorprenda, remueva y te despeine con un chorrazo de aire fresco como hace Antonio Hitos.

Reseña de Lamia, de Rayco Pulido

Nuestra actualidad superconectada nos permitió asomarnos a Lamia, la última obra de Rayco Pulido unos meses antes de su publicación. La expectación generada se ha visto recompensada con creces con un trabajo lleno de matices y grandes hallazgos.

Lamia nos traslada en el tiempo a la Barcelona de la posguerra en un relato con diversas capas primorosamente tejidas que acaban interconectándose sin que asome ni una sola costura. Sobresale, claro, el ejercicio de género negro en una España no menos negra, heredero de aquellos casos reales que ocupaban las portadas de El Caso, hábilmente apuntado por un título que juega al juego de palabras entre la criatura mitológica y el nombre de la protagonista. Sin embargo, no se puede pasar por alto cómo esta línea maestra viene acompañada de toda una serie de añadidos que contribuyen a crear, por una parte, una ambientación completísima e inmejorable y, por otra, una lectura apasionante a tantos niveles.

Rayco Pulido logra también realizar un descarnado retrato de la miseria moral reinante en la posguerra y, muy especialmente, el lamentable estado de esclava sumisión al que se veía sometida la mujer bajo el yugo del “glorioso movimiento nacional”. La sofisticada elegancia del trazo del dibujante y la inclusión de elementos de tradición pulp -detectives, hipnosis, crimen, misterio- componen un poderoso retrato de una Barcelona que hoy resultará irreconocible para muchos.

Lamia es una historia vibrante que gira alrededor de una protagonista extremadamente carismática y compleja. Pulido sabe explotar la perturbadora empatía que despierta un personaje moralmente ambiguo que cuenta con el indiscutible encanto de lo excéntrico, y más en una época tan gris como la que retrata. En cierto modo, el autor utiliza a la protagonista como símbolo ejemplar de una sociedad vencida, sometida y humillada que, en este caso, logra dar rienda suelta a ríos de rabia contenida.

El autor canario consigue, mediante un dibujo que exprime a su favor las posibilidades del blanco y negro puro transmitir no sólo ambientes sino estados de ánimo. Lamia, con sus composiciones, encuadres y cadencias es todo un manual de narrativa secuencial al servicio de una trama llena de giros excelentemente ejecutados. Pero es que, además, triunfa a la hora de esculpir personajes, con el monumental trabajo realizado a la hora de esculpir a la protagonista como máximo exponente.

Pulido, además, consigue transmitir características fundamentales de los personajes que pueblan la obra de una manera sorprendentemente sintética, en algunos casos con un par de diálogos o un puñado de viñetas.

Lamia, prácticamente desde su arranque, deja bien claras sus credenciales de cómic sobresaliente que amplía admirablemente los márgenes de un género que parecía totalmente acotado. Rayco Pulido ha logrado una obra con aroma a clásico que aspira seriamente a ser el tebeo del año.

Cómics y música (XXXV) Nick Drnaso y Sleep Kit

Nick Drnaso

Sleep Kit, II , 2016. Portada de Nick Drnaso

Sleep Kit son una banda alemana originaria de la ciudad de Aquisgrán que practica un aguerrido sonido de guitarras de raiz noventera que hará las delicias de los fans de Jawbreaker. Tras un EP en 2012, lanzaron su primer larga duración en octubre del año pasado con Big Scary Monsters, la discográfica de bandas como Caspian o Minus the Bear. En ambos lanzamientos, Sleep Kit confió las portadas al dibujante e ilustrador Nick Drnaso. Fulgencio Pimentel ha publicado recientemente Beverly, primera novela gráfica del autor, un auténtico bofetón de realidad apática ambientada los EE.UU más grises que, por méritos propios, está entre lo mejor del año.

La sección “Cómics y música” busca el punto de encuentro cada vez más habitual entre cómic y música a través de las ilustraciones de portadas de discos, permitiendo a musiqueros y comiqueros tender puentes y conocer nuevas propuestas. Pulsa los enlaces para saber más del grupo y del ilustrador.