Friday, 24/11/2017 | 1:58 UTC+1
Culpable y Perdedor

Por qué Spider-man: Homecoming es la película de Marvel más moderna en años

Spider-man: Homecoming, la séptima película protagonizada por el Hombre Araña en lo que llevamos de siglo, es la encargada de ocupar la cuota veraniega de cine de superhéroes que el año pasado correspondió al Escuadrón Suicida de DC comics y hace dos a Ant-Man.
Para los que peinamos canas, los quince años que han pasado desde el estreno de la primera película de Spider-man, dirigida por Sam Raimi y con Tobey Maguire como protagonista han supuesto toda una montaña rusa emocional. Las primeras películas de los X-Men y Spider-man supusieron una revolución.  Asistíamos atónitos a películas de imagen real espectaculares y “bien hechas”, algo que no hacía tanto parecía sencillamente imposible. Tres lustros después, nos hemos acostumbrado a que los superhéroes ocupen una cuota de pantalla televisiva y cinematográfica, tenemos calendarios de estrenos, y toda una maquinaria de marketing y promoción armada de teasers, primeras imágenes y un largo etcétera.
En ese contexto, plantarte un miércoles de agosto por la tarde en un cine de barrio para ver una película del  amistoso vecino Spider-man es una experiencia muy diferente, pero no necesariamente peor. Spider-man: Homecoming propone, como digo, la tercera encarnación cinematográfica del trepamuros, después de una trilogía fundacional protagonizada por Tobey contigo empezó todo Maguire y un intermedio con dos películas del bautizado como The Amazing Spider-man con Andrew Garfield al frente.
Con el director John Watts al frente y un jovencísimo Tom Holland en el papel protagonista, Spider-man: Homecoming apuesta desde un primer momento por ser una película que tenga sentido con el público juvenil (al que supuestamente se dirige) y no tanto por contentar a los seguidores marvelitas más acérrimos del superhéroe arácnido. Desde un primer momento, y a lo largo de toda la película, vemos una inmersión total en lo que se supone que Marvel Studios (o, en este caso, Sony) cree que es la vida millennial: Youtube a piñón, redes sociales y el smartphone como elemento imprescindible de la vida del adolescente. Tecnología y audiovisual son la base en la que se soporta, tanto argumentalmente como a la hora de solucionar estéticamente muchos elementos del film.
Esta intención por mostrar un Spider-Man del siglo XXI hace, de manera inevitable, que nos encontremos ante la película con un Hombre Araña menos canónico hasta la fecha. En aras de reflejar la actualidad que vivimos, se han abierto las puertas de la diversidad en los personajes secundarios, se ha rejuvenecido considerablemente a la tía May (encarnada por una estupenda Marisa Tomei) y se ha trasteado a voluntad con villanos de toda la vida como el Buitre o Shocker de manera que encajen con la historia que se quiere contar y, de paso, enlacen con la continuidad de las películas de los Vengadores. En mi opinión, la decisión es acertada, sobre todo visto el resultado. En demasiadas ocasiones el intento de “modernizar” personajes como Spider-man, creado en los lejanos años sesenta del siglo pasado y que ha mantenido intactos o casi sin alterar algunos de sus principales hitos, tratándolos como verdaderos dogmas, ha fracasado por ser demasiado tibio y conservador. Si estamos de acuerdo en que el cine se ha convertido en un grandísimo escaparate para que el género superheróico perviva y capte nuevos y jóvenes adeptos no podemos esperar que los códigos que dan vida a estos personajes no se adapten a los tiempos.
spider-man homecoming
Tan solo hay que pensar lo lejos que quedan usos y costumbres de la sociedad y la cultura popular de los años noventa como para pretender que una película protagonizada por un personaje de 15 años de 2017 se atenga a las maneras y rigores de continuidad de 1962. Así pues, me parece todo un acierto concebir el casting de personajes de Spider-man: Homecoming con un ojo en el hoy o plantear cosas como la actualización tecnológica de traje con la idea de sorprender y llamar la atención de la chavalada de hoy en día, igual que los niños y jóvenes de los sesenta fliparon con la idea de que alguien como ellos trepase muros y combatiese el crimen enfundado en un pijama rojo y azul. Los superhéroes siempre han sido fantasía y futuro y, si quieren sobrevivir y ser coherentes, no pueden seguir estancados en la fantasía y el futuro de hace cincuenta años.
Otra de las decisiones claras de la película es eliminar asomo alguno de drama. El cine y los cómics nos han enseñado en repetidas ocasiones las bondades de añadirle dosis de humor a un género cuya premisa es gente con uniformes coloridos haciendo cosas pintorescas. No tomarse demasiado en serio es una jugada que permite conectar a público de todo tipo y construir un escenario lleno de entretenimiento y emoción sin mayores pretensiones. En Spider-man: Homecoming hay emoción y desafíos pero no drama. Peter Parker es un huérfano y un underdog pero todo ello se vive de una manera ligera y fresquita. Hay acción, hay romance adolescente y hay mucha comedia involuntaria por su parte (y de su inseparable colega nerd), pero no está la tragedia del tío Ben ni los tormentosos dilemas personales del Peter Parker más intensito. Hay también lugar para momentos chanantes (varios peldaños por debajo de Deadpool, claro) y un tono coloquial muy de agradecer. Que el Peter Parker de 2017 se comporte como un chaval de 15 años en vez de un Hamlet con iPhone es una buenísima noticia.
Tom Holland cumple con creces en su papel de Spider-man novato y atolondrado. Al actor se le ve mucho más cómodo y suelto que a su antecesor, Andrew Garfield, y hace posible que podamos pensar en un “crecimiento” del personaje a lo largo de las previsibles secuelas que, en el fondo, son puro Marvel clásico. Las tribulaciones de un Peter Parker conforme avanzaba hacia la madurez con el peso de un tremendo secreto y un gran  poder y responsabilidad resultaron decisivas para que el trepamuros se hiciese con un lugar preferencial en el corazón de miles de lectores allá por los años sesenta, convirtiéndolo en icono superventas y de una nueva y cercana manera de abordar el género de superhéroes. La película se beneficia mucho de compaginar los toques de comedia adolescente de instituto con película de acción, y resulta una decisión especialmente que el protagonista pueda descargar responsabilidades con las apariciones de un Robert Downey Jr. sueltísimo en su papel de Tony Stark/Iron Man y, sobre todo, en un Michael Keaton capaz de pasar de Birdman a Buitre sin mayores problemas.
Keaton se come a prácticamente cualquier otro actor con el que comparte escena. Ha trabajado durante años sus habilidades para convertirse en personajes con dualidades más y menos inquietantes y las escenas de acción de su personaje tienen todas un soporte tecnológico fundamental para un actor que nunca ha sido especialmente “físico”. Lo borda como temible villano, de andar por casa, pero villano, al fin y al cabo y logra subir el nivel de la película con varias escenas (que no voy a spoilear) verdaderamente potentes.
En términos generales, Spider-man: Homecoming se mantiene dentro de los parámetros a los que estamos acostumbrados en las películas Marvel. Parece que hay una especie de tonalidad común en todas ellas que permite relacionarlas a todas pero también que ninguna destaque especialmente en el apartado técnico y visual. A mí, especialmente, me gustaría un poquito más de idiosincrasia propia en este aspecto, algo más de personalidad, pero supongo que es lo que hay.
No hay tampoco grandes novedades en cuanto a efectos especiales o secuencias de acción o, sencillamente, estamos tan acostumbrados a ciertas soluciones en estos apartados que no hay mucho sense of wonder (supongo que sí para un público más joven) ni capacidad de epatar. Quizás acostumbrados a lo épico y al espectáculo como pan nuestro de cada día, esto sea lo de menos. Y lo de más, por otra  parte, puede que sea verse, por fin, ante una película que, lejos de la presión por los resultados, los Marvel zombies, los ejecutivos y miles de páginas de continuidad, sabe lo que quiere ser. Una película que decide ser un entretenimiento dinámico para gente de ahora y, acordemente, asume los códigos correspondiente sin complejos ni ataduras. Y ya era hora.
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