Sunday, 21/1/2018 | 4:26 UTC+1
Culpable y Perdedor

Reseña de Paletos Cabrones, de Jason Aaron y Jason Latour

Paletos Cabrones 1. Aquí yace un hombre Book Cover Paletos Cabrones 1. Aquí yace un hombre
Jason Aaron y Jason Latour
Planeta Cómic
Rústica
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EARL TUBB es un viejo cabreado con un palo muy grande. EULESS BOSS es un entrenador de fútbol de instituto sin sitio en su oficina para más trofeos y sintio en sus gradas para enterrar más cuerpos. Y eso sólo son dos de los tipos que conocerás en el Condado de Craw, Alabama, hogar de la Boss BBQ, del equipo ganador Runnin’ Rebs y de más cabrones de los que hayas visto en tu vida.

En Paletos Cabrones (Southern Bastards en el original) Jason Aaron emprende de nuevo una saga de polvo, sudor y sangre ambientada en lo más profundo de los Estados Unidos más profundos. Si en Scalped, su gran obra hasta la fecha, la acción se situaba en una reserva india, en esta ocasión, Aaron nos traslada a uno de esas destartaladas ciudades de poca monta que tan bien describieran Jim Thomson o William Faulkner .

Hay un lado oscuro de esos EE.UU de héroes del deporte de instituto, enormes casa de madera con vallas blancas, cuidadísimo césped e idílicos parajes naturales. La mística de la ciudad pequeña y encantadora deja paso en Paletos Cabrones a otra muy diferente, la de los puebluchos miserables llenos de gente no menos miserable. Lugares perdidos con una estructura caciquil, criaderos de white trash y, claro, caldo de cultivo de bajas pasiones, violencia y crimen.

Ese ambiente malsano, que tan bien ha sabido explotar de Winter’s bone a True Detective, el que trabaja Jason Aaron con buenos resultados. El guionista, natural de Alabama, sabe de primera mano retratar rincones donde la inmensidad de la nada y el vacío moral hacen que el eco de cualquier pequeña historia de pecado, redención y venganza resuene como el eco más poderoso.

Aaron vertebra Paletos Cabrones a partir del culto al fútbol americano local, e imagina un mundo pequeño, xenófobo y reaccionario en el que todo gira alrededor del partido de la semana, de las friday night lights, porque, más allá, no hay nada. Y, sin embargo, como ya hiciera en Scalped, el verdadero hilo conductor de la serie es el pasado. Los cabos sueltos, las cuentas pendientes y los momentos definitorios llevan a los personajes de la serie a un eterno retorno, a establecer sus motivaciones a partir de eventos pretéritos que no han podido o no han querido dejar atrás.

El dibujante Jason Latour ejecuta un retrato crudo y sin concesiones de la mugre, el calor y la sordidez que imperan en todo lo que acontece en las páginas de Paletos Cabrones. Su trazo rocoso es perfecto para dar vida a ese universo de tipos duros, camionetas pickup y óxido vital. Consigue, además, transmitir ese ambiente de asfixiante cutrez y emoción primaria que requiere una obra que apunta en todo momento a la visceralidad como causa y solución de casi todo.

Paletos Bastardos es un noir sureño abrasador, de esos en los que lo masculino y lo femenino se exacerban en una amalgama de sensualidad turbia y pringosa bajo un sol de justicia, en los que la frontera entre el bien y el mal está difuminada y donde la sutileza no es un término a tener en cuenta. Este primer arco argumental sienta las bases de una trama de largo recorrido que augura emociones fuertes. La temporada sólo acaba de empezar.

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