Reseña de Por nuestra cuenta, de Miriam Katin

El caso de Miriam Katin rezuma peculiaridad por los cuatro costados. No es normal que una dibujante publique su obra más significativa a los sesenta y tres años, algo que parece más bien patrimonio de la literatura de hace algunas décadas. Y, sin embargo, esta autora, que empezó a publicar en editoriales indies a principios de esta década tras trabajar en el mundo de la animación, dibujando historietas para editoriales de diversas publicaciones o ilustrando libros infantiles, rompe casi todos los esquemas preconcebidos que podamos tener sobre madurez creativa.
En Por nuestra cuenta, la profunda herida causada por el genocidio judío sigue sangrando historias. Miriam Katin quiere, a través de esta obra cerrar su herida particular, la de una niña marcada por terribles experiencias que le han acompañado a lo largo de toda su vida. Una que tuvo que huir dejándolo todo atrás, con la constante amenaza de un destino terrible acechando.
Con las herramientas con las que cuenta, ese dibujo medio inocente, a priori tan poco apropiado para ilustrar lo horrible y lo miserable, Miriam desarrolla una historia sin grandes pretensiones, de esas que parecen pensadas más para uno mismo que para una audiencia, en la que no le hace falta enfatizar en lo dramático. La verdad es que lo descarnado de su temprana odisea por la supervivencia hace innecesarias licencias dramáticas. Lo que sí consigue la húngara es distribuir el protagonismo de la historia. Por momentos, los más, la dibujante se pone en la piel de su sufridora madre. De tanto en tanto, además, aparece la inocencia de una jovencísima Katin que se ve expuesta desde demasiado pronto a durísimas circunstancias.
La autora hace uso de un dibujo a lápiz, casi de carboncillo colegial, aliviado sólo momentáneamente por el color de las secuencias más próximas temporalmente a nosotros y más alejadas de la trama central. Curiosamente, estas páginas de color acaban siendo de las más duras de toda la obra, ya que en ellas queda patente la huella de desazón dejada por unas experiencias que las protagonistas no consiguen dejar atrás después de mucho tiempo.
Por nuestra cuenta plantea una historia de huída, de incertidumbre y penumbra, afrontada de una manera que, con toda probabilidad, no hará que Miriam Katin gane un Pulitzer ni vea su obra adaptada al cine. Una historia como, desgraciadamente, hemos visto, oído y escuchado muchas y muy distintas a lo largo de los años y que, además de servir para que los lectores recordemos, sirve en esta ocasión para que la autora cierre algunas heridas abiertas. Una muesca más en la necesaria lucha contra el olvido.

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